Ciclo “ESCRIBIENDO TRAS LA CÁMARA”

El objetivo principal de un director cuando hace una película siempre es contar una historia desde su visión personal. Las películas no existen sin un guión y paradójicamente, en la mayoría de las ocasiones el guionista es considerado una “figura menor”. Ernest Lehman, guionista de Con la muerte en los talones, escribió: “Sería inimaginable que un escritor le dijera a un director cómo dirigir, a un productor cómo producir, a un actor cómo actuar o a un fotógrafo cómo iluminar una escena; pero no es del todo impensable que alguien le indique a él cómo se escribe”. A pesar de ser la semilla de una película, el guión es la parte más vulnerable y la que está más expuesta a cambios y opiniones, no siempre para mejorar el resultado final.

El trabajo conjunto y sincronizado del guionista y del director es fundamental para que la película sea un éxito, y que las dos visiones de la misma historia estén alineadas.

No es lo mismo un director-guionista, que un director que recibe propuestas de guionistas o de productores importantes de la industria. Por lo general, se suele considerar más autor a un director que escribe sus propios guiones, aunque lo lógico sería que algunos se dedicaran a dirigir y otros a escribir. Hay algunos cineastas, más bien pocos, que saben hacer bien las dos cosas, y se convierten en verdaderos autores. En este ciclo, casi todas las películas están firmadas por ese concepto de “creador total” que dirige y escribe el guion. La gran mayoría del público no tiene especial interés en encontrar las diferencias, bastante sensibles habitualmente entre unos y otros. Pero esas diferencias condicionan el resultado final, de ellas se derivan una serie de paradojas sobre las que resulta muy interesante reflexionar, y esa es justamente la intención de este ciclo.